Fibra y microbiota intestinal
La fibra es capaz de estimular a la microbiota intestinal (bacterias que habitan en el intestino), promoviendo el buen funcionamiento del intestino, y aumentando la producción de sustancias que pueden reducir la inflamación y prevenir el daño en el hígado, como las vitaminas y ácidos fenólicos, con gran poder antioxidante y antiinflamatorio.
Además, la fibra contribuye a reducir los niveles de colesterol y glucosa en sangre, los cuales normalmente se encuentran elevados en personas con hígado graso.
Probióticos
Los probióticos son microorganismos vivos que pueden mantener el buen estado y el equilibrio de la microbiota intestinal, la cual se encuentra normalmente alterada y en desequilibrio en las personas con hígado graso. Además, según estudios científicos, los probióticos contribuyen a prevenir el desarrollo de fibrosis, una complicación del hígado graso, así como reducir los depósitos de grasa en el hígado, y brindar efectos antiinflamatorios.
Omega 3 para el hígado graso
El Omega 3 es uno de los nutrientes con mayor evidencia científica por sus beneficios en la enfermedad del hígado graso. Primero, porque promueve la oxidación de ácidos grasos en el cuerpo, es decir, promueve la reducción de grasa y peso corporal, lo cual es una pauta clave en el tratamiento del hígado graso. Segundo, porque reduce la lipogénesis de novo, la cual es una vía metabólica en la que el exceso de carbohidratos provenientes de la dieta es convertida en grasa, y esta puede adherirse al hígado, causando o progresando el hígado graso. Y tercero, el omega 3 es un potente antiinflamatorio, capaz de reducir las complicaciones de la enfermedad.
Vitamina E
La vitamina E es un potente antioxidante, capaz de disminuir la acumulación de grasa en el hígado, y reducir la inflamación hepática por sus propiedades antiinflamatorias. Estos beneficios a su vez contribuyen a la prevención de desarrollar fibrosis hepática, una de las complicaciones del hígado graso.
Carotenoides en el hígado graso
Los carotenoides son las sustancias que brindan el color característico (como el amarillo, anaranjado y rojo) de muchos alimentos, como las frutas y vegetales. En estudios científicos, se ha comprobado que los carotenoides como el licopeno y la luteína (que se encuentran en el tomate y en la yema de huevo respectivamente), atenúan la acumulación de grasa en el hígado y promueven la oxidación o disminución de grasa corporal. Además, gracias a sus propiedades antioxidantes, los carotenoides también disminuyen la inflamación y el riesgo de desarrollar complicaciones de la enfermedad.